Diálogos Inmateriales      11-2017

Ronald Morán 

 

Diálogos inmateriales

Por Colectivo Curatorial Aluna

 

En la obra de Ronald Morán (San Salvador, 1972) las diversas estrategias de desmaterialización –de los objetos o de la misma obra de arte- forman parte de una continua investigación que enfrenta la crudeza de la historia contemporánea y la vida cotidiana en Centroamérica y en el mundo, con el poder de la máxima sutileza estética. En cada trabajo de desmaterialización el juego de tensiones entre opuestos como violencia y sutileza, presencia-ausencia, acaba por introducir la extrañeza necesaria para generar visiones críticas.

Hace una década, cuando representó a su país en la Bienal de Venecia, recubría espacios y objetos de casa con un material tan blando, tan blanco, tan suave que parecía de algodón, enfrentando del modo más sutil las violencias perpetradas en el ámbito doméstico. Una estrategia perfecta para provocar otro modo de observación del espacio familiar bajo acoso. En sus posteriores series de instalaciones de laberintos y escaleras construidos con hilo blanco construye metáforas de tensiones y fragilidades sociales. Desplazamientos que no desembocan en un asidero seguro. Los registros posteriores en fotografía y pintura contienen el eco de la gente transitando zonas inciertas.

El cuerpo, captado como rastro a través de la instalación la pintura o la fotografía, pero también como actuante potencial en esos dibujos con grafito que funcionan a su vez como eco de sus instalaciones, es también un cuerpo social. Es a la vez hilo y laberinto, intento e imposibilidad del ascenso, aspiración y negación de la utopía, un continuo pasar bajo la tensión de no desgarrar la pieza del sueño de las construcciones sociales.

En la serie Diálogos inmateriales, inspirada en las arquitecturas del japonés Tadao Ando (n.1941), Ronald Morán plantea un diálogo con este creador que usa el silencio espacial como un modo de pronunciar, tal como en la poética del Haikú, pocas, precisabas sílabas que desencadenan súbitas comprensiones. La afirmación del arquitecto: “Cambiar la forma de habitar es cambiar la ciudad y reformar la sociedad” guarda estrecha relación con el modo en que Morán usa escaleras y laberintos o recubrimientos de algodón y proyecciones que desmaterializan el mundo, para provocar umbrales de percepción y transformación social.

Morán se apropia de fotografías de espacios arquitectónicos concebidos por el arquitecto recubriéndolas con hojas translucidas que cumplen una función doble: velan o desmaterializan las maravillosas arquitecturas y son a la vez el soporte para proponer precisas geometrías levitantes que su mano traza de modo preciso, milimétrico, en tinta, como imagen que sugiere la posibilidad de otras construcciones comunes. Quizás de mundos con la certidumbre de un orden transparente.

Sus intervenciones ideales en las arquitecturas de Tadao Ando, esas construcciones geométricas en tinta que flotan sobre el papel transparente, provocan una fusión entre ambos lenguajes, un diálogo con los vastos espacios de circulación creados por este arquitecto maestro del vacío espacial. ¿De qué nos habla este lenguaje en conjunción? Ronald Morán

escribe una respuesta personal, abierta a la interpretación de cada espectador: “Este diálogo transcurre entre la dureza y la fragilidad, entre lo representativo y lo sensorial y acaba por construir un tránsito entre los distintos estados en los que la materia (el estado actual del mundo) puede ser alterada por la imaginación y la utopía”.

TRANSLATE