SAQ B´EEY (CAMINO BLANCO) 08/2018

 

Antonio Pichillá es un exponente de lo Tz’utujil contemporáneo. Su trabajo nos deconstruye la idea histórica impuesta de cómo debe ser lo “indio”. Paisajes y textiles coloridos (exóticos). Mujeres Tz’utujil con canastos, xecas y verduras pintadas en lugares muy allá… hombres Tz’utujil viajando en barquitas en medio de paisajes azules y montones de peces colgando entre sus manos.

Comprender el trabajo de Pichillá, es entender que los pueblos indígenas son una antítesis del “indio” que creó la visión de los arquitectos del Estado/nación.  Pues los Tz’utujiles se han movido y se mueven en sus propias epistemologías, integran y desechan ideas, oficios y contradicciones en sus cotidianidades contemporáneas.

Pichillá nos recuerda en sus formas, no formas y trazos, infinitas posibilidades de creación, recreación de los tejidos, de los colores, materiales, de los símbolos y los sentidos de ser y estar Tz’utujil desde antes y en el ahora.

Sus creaciones se presentan a sí mismas como una reacción ante ese deber ser “según las reglas de la civilidad” que necesitan nombrar, teorizar y otorgar valor estético y económico a “algo de alguien”… Algo de un alguien que no se parece al indito de la Guatemala imaginada desde la colonia, reformulada por los criollos y promocionada para el turismo en nuestros días. Si no se muestra como un elemento de lo heterogéneo Tz’utujil de la cotidianidad contemporánea, que escapa de lo esperado por las ficciones de la otredad exótica académica, turística, del buen cristiano evangélico y católico, incluso de la autoexotización mayanista. Un saq b’eey o camino iluminado por la memoria nuestra de la historia que nos construye y nos acompaña, para seguir siendo y haciendo como Tz’utujil, K’iché, Mam, Ixil en un mundo de infinitos colores y saberes a punto del colapso ecológico.

 

María Jacinta Xón Riquiac

K’iche’

 

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