Tiempo, Espacio

“El poeta —el contemporáneo— debe tener fija la mirada en su tiempo. ¿Pero qué cosa ve quien ve su tiempo, la sonrisa demente de su siglo? Quisiera a este punto proponerles una segunda definición de la contemporaneidad: contemporáneo es aquel que tiene fija la mirada en su tiempo, para percibir no las luces, sino la oscuridad. Todos los tiempos son, para quien lleva a cabo la contemporaneidad, oscuros.” -Giorgio Agamben, ¿Qué es lo Contemporáneo?

 Tanto la apropiación del espacio, como la concepción del tiempo, son acuerdos a los que nos adherimos para entender y comunicar nuestra identidad relacional al cuerpo. Sin embargo, no hay tiempo, ni espacio, solo caos. En nuestra necesidad de darnos sentido en el mundo ante el horror del vacío, tratamos de contener y definir nuestro cuerpo en marcos prefabricados de temporalidad y espacialidad. Al artista le concierne la investigación, la apropiación y el reclamo del territorio espacial y de la dimensión temporal como marcos de creación artística, y como puntos de partida infinitos hacia la imaginación.

En sus obras, estas artistas mutan lo estático del paisaje y lo permanente de lo cotidiano hacia formas de representación inesperadas. Es el viaje por la memoria lo que intriga a Ana Werren y la lleva a encontrar en objetos encontrados formas geomórficas que le evocan un paisaje nostálgico, escenarios permeados por las memorias de su subconsciente. Nos dice Ana: “Por otro lado, abstraje también los paisajes de sellos postales de una colección de mi papá, paisajes específicamente de Suiza, otra parte que es parte de mi definición como persona. Quise poner estos dos tipos de paisajes en diálogo, buscando redescubrirme a través de ellos. Tengo más relación emocional con los paisajes abstractos de las llaves que con los paisajes un poco más literales de las estampitas.”

Nathalie Beard investiga incesantemente el paso del tiempo y los rastros de su sombra, documenta y plasma la sutileza de los trazos de la sombra como evidencia de algo que estuvo, de algo que fue. Para Nathalie es: “Explorar los diferentes medios que nos hablan del tiempo como las sombras del paso del tiempo, un reloj de arena, un reloj de agujas, un reloj digital... y también explorar esta misma noción en diferentes medios como la pintura, la fotografía, la instalación... es realmente una investigación y una búsqueda de cómo hacer abstracciones del tiempo.”

Como testigo de un espacio que se habita, en su serie "No he aprendido a decirte adiós", Margarita Figueroa graba en el papel los momentos vividos en el lugar de residencia transitorio. Ella nos invita a imaginar con sus impresiones, cómo sería el tiempo vivido desde la impermanencia. En exaltar la poética del día a día, Margarita da cuenta de lo que le cautiva: “Así, no sólo me había acostumbrado a las rutinas de levantarme de una manera, alimentar a mi gato de alguna manera, a olores, vistas de las ventanas, sensaciones espaciales, sino también a lugares favoritos cercanos a dónde tomar café, ir por una cerveza, encontrar alguna prenda curiosa en la paca, buscar lentes nuevos, etc. Después me acostumbré a ver espacios vacíos, imaginándome dónde pondría mis muebles, por dónde entrará la luz del sol, etc.”

Es el modo en que nos enmarcan el tiempo y la distancia, el recorrido a través de un espacio entre tránsitos e interrupciones, las coincidencias y los anacronismos, o quizás un encuentro cualquiera con el presente en el tiempo, en un lugar particular, lo que lleva a estas artistas a invitarnos a dar una mirada lenta para encontrar en sus obras lo singular dentro de lo común. Para ellas, el arte se convierte en un marco perceptual de posibilidades inagotables.

Renato Osoy

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